09 abril, 2015

REFLEXIONES FUGACES DE UNA TARDE SIN TRABAJO

Ven... Siéntate.

¿Ves?
Así nos conocimos... Así nos evadíamos del mundo, así eran nuestros días... Así crecimos. Así fuimos, así somos. 

Éramos felices.
Éramos uno.
Éramos ciegos.

¿Dónde van a parar todas las culpas que no nos echamos cuando hicieron añicos nuestro corazón?
¿Y la llave de nuestra celda interior de miedos, inseguridades y recuerdos?
¿Nadamos en nuestra propia pesadilla?
¿Deberíamos cambiar, y confiar - de nuevo - en un corazón roto, y por si fuera poco, ciego y solitario?


¿Quién quiere algo que se puede romper?
¿Y algo totalmente siniestro?
¿Desde cuándo alguien necesita vivir pesadillas que no son suyas?
¿Hace cuánto somos víctimas de algo intangible, impredecible y destructivo?

Nuestros errores son infinitos. Nadie tiene el manual de Cómo vivir sin equivocarse. Vivimos en un espiral interminable de preguntas sin respuesta que nos hacen sentir absurdamente humanos, y que contestamos con la esperanza de llegar a una conclusión útil para guiarnos a la hora de tomar decisiones personales.
Amar es sufrir. Sufrir es profundo, amar significa demasiado. Intangibles, impredecibles... y destructivos. Decir: "amar es un sentimiento tan bonito e intenso que nos hace sentir realmente vivos" es igual que decir "los humanos son humanitarios por naturaleza".  Si el humano fuera así por naturaleza, los nazis en lugar de cocer a judíos vivos, hubieran cocido ollas inmensamente grandes para saciar el hambre de los que están a punto de morir; no existirían palabras como: racista, frontera, atentado o país. Si amar nos hiciera sentir realmente vivos, no habríamos tanta gente que esquiva oportunidades que se nos ofrecen. No es lo mismo saber que el fuego quema, que haberte quemado de verdad. Si amar fuera tan bonito e intenso como dicen algunos, sufrir también es un arte. 

El miedo a amar de nuevo, es el miedo a sufrir de nuevo. Inseguridad de cambiar un yo por un nosotros que prende de una mecha con longitud desconocida. Hoy existe, mañana posiblemente no. Y te podría dejar ahí, plantado con un nosotros hecho trizas. Esto explica el por qué nos sentimos horriblemente solos cunado sucede algo así: por que nos abandonamos en el momento que cambiamos un puto pronombre personal. Los recuerdos son los que te hacen dudar, cuando más convencida estás de volver a empezar.

Querer y no poder. Querer, y automáticamente, impedirlo. 
Todo signo de culpabilidad tiene un culpable. Puede ser.
Sin embargo, este no es el caso. Creamos culpables y culpas, cuando la realidad camuflada contiene una lección, y un corazón domable. A las personas se nos ha dado de maravilla siempre llorar que secar lágrimas.

Si la mente está rota, el cuerpo lo está más. Y los latidos del corazón dejan de tener sentido. Y las pesadillas son interminables... Y respiramos sin vivir. Mens sana in corpore sano



Mi conclusión - inútil - es que las personas somos sorprendentemente enigmáticas, extraordinarias, asombrosas... y víctimas de algo - posiblemente lo único - superior a nosotros. 

El sentir.

A.