22 febrero, 2016

I'M BACK

Me encanta el cocido que prepara mi abuela, sobre todo en días como hoy en el que parece que el termómetro y mi mente se han puesto de acuerdo para marcar el bajo cero. Ella demuestra que es feliz, la admiro, la quiero y sé que es un amor mutuo e infinito. Todas las mañanas, la observo mientras almuerzo y pienso en qué sería de mí sin su calor interior, mis días sin refugiarme en sus esperanzadores consejos, mis miedos sin ser escuchados por su amor tan puro y sincero, mi débil espíritu y anhelado descanso cardíaco en su abrazo diario... Qué sería de mí, del mundo, sin aquellas personas que con sólo una mirada sincera transmiten esa calma que nos parece casi desconocida...
Encuentro la tranquilidad y me fijo en la luz al final del túnel cuando reconozco que "podría ser peor" y ella, sin duda añade que "a fuego lento, todo sabe mejor". Y la combinación de nuestras filosofías hacen que mis pulsaciones siempre vuelvan a la normalidad.

Soy de las que piensan que los que conocen el daño, lo huelen a distancia. Entre ellos, se encuentran los que se enfrentan y arriesgan con la posibilidad de perder todo por una respuesta, y los que huyen que ya están perdidos entre calambres de heridas infectadas y esperanzas atropelladas. Yo ya decidí dónde.
Sin embargo, las verdaderas dudas que protagonizan este visceral dilema son... ¿El valor o el precio? ¿Arriesgar o mantener? ¿Luchar o conformarse? Al fin y al cabo, hay que estar dispuesto a perder algo para querer ganar otra cosa mejor... El precio es lo que se pierde. El valor, como bien dice la palabra, es lo que se ha de valorar: la forma en la que actúas y solventas la pérdida. 
Eso es así.

El fuego lento para el cocido y para mí, razones lo suficientemente imprudentes por las que quemarme. Podría ser peor, podría quemarse el cocido y yo morirme de frío.

¿Ser o estar?
Elijo las dos, sin duda.

Estoy de vuelta, con mis escritos sin sentido y sus conclusiones en el aire, y mi precioso caos en cuyo epicentro he encontrado mi estabilidad. Hay cosas - y labios - que te hacen sentir como en casa...
 Y no voy a renunciar a ello.
Otra vez no.
I'M BACK

Feliz lunes y feliz vida,
A.

06 noviembre, 2015

ILIMÍTATE

En este caso, prefiero omitir la introducción. Iré francamente al tema.
Empieza a vivir. Destruye tu cápsula de soledad donde sólo cabe tu frustración por no haber encontrado todavía un motivo para conseguir lo que te propongas. Sal de ahí, o perderás totalmente los estribos de tu vida y olvidarás lo realmente imprescindible de ella: vivir, y de lo bello que resulta.

Sí. Parece estúpido que te impulse a vivir. Pero lo verdaderamente estúpido de esta historia, es que no te hayas dado cuenta todavía que pierdes el tiempo si no lo haces, y mañana, pensarás que lo habrás malgastado... ¡e inconscientemente, volverás a estar perdiendo el tiempo en cosas que no puedes cambiar!. A diferencia de tu perspectiva, que sí la puedes cambiar. ¿Por qué? Últimamente todos dicen que cada día somos más pobres en tiempo... Sí, todos lo dicen y todos lo saben. Pero nadie se da cuenta que por ahora, seguimos siendo ricos. Muy muy ricos. Esa, amigx míx, es la perspectiva que va a ayudarte en tu camino.

Te impulso a aprovechar el tiempo y a que cuando pasen setenta años, tengas una historia tan intensa como preciosa que contarle a tus nietos, y sonrías al escuchar que quieren ser como tú. Deja de creer en tu media naranja perdida y empieza por morder las manzanas prohibidas, hasta encontrar una fruta tan diferente a ti que sientas que te complementa como tu mejor virtud. ¿El amor existe? El amor existirá tanto como lo idealices. Y te digo esto para que pares de hacerlo. Deja de sobre valorar las miradas de borrachx de quien sabe que estás locx por sus huesos, de pre-ocuparte por si saldrá mal en lugar de ocuparte por hacerlo bien... Ilimítate a experimentar, ilimítate a sentir. Como ya dije, si el amor tiene definición, no es amor. Es mucho más que eso... Más que lo que se convierte tan indescriptible como puro al ser cocinado a fuego lento, más que galaxias, planetas y sistemas que estallaron del Bing Bang, más que todo... Más que lo que mis palabras y las tuyas puedan alcanzar.

Y siente. Siente muchísimo. Siente cómo se eriza tu piel al erizar la suya, déjate llevar por la corriente de cada sensación, del estado infinito que experimentes al prescindir de las palabras para comunicarte con las manos. Y besarle lento hasta anochecer, y fundirte con su piel en la oscuridad hasta ver el reflejo de la luna en el sudor de su pecho... Esas sensaciones no merecen ser procastinadas. todo tiene una letra pequeña, una especie de riesgo, y preferirás actuar después de conocerlo. Quiere, quiere todo lo que quieras, que si te dan a elegir, ¡escoge todo! Sé ambiciosx e inconformista en avivar la llama de tu interior, deja que se quemen contigo y nunca te pongas en peligro, jamás la enseñes.
Conecta cuerpo, mente y corazón, y... Vive. 

Haz una vida que te emocione recordar cuando ya no te quede tiempo.
Pero sobretodo, no dejes que nadie te apague.
Ni siquiera tú.

27 octubre, 2015

PHOENIX

"[...]

No obstante, después de todos estos años, pocas cosas me duelen realmente. Es increíble llegar a mi edad con las heridas sin cicatrizar del todo, con una piel incapaz de regenerarse y con la mentalidad de un superviviente. No he alcanzado el Ecuador de mi paso por la Tierra, sé que me queda un largo camino por recorrer, muchas piedras con las que tropezar, más heridas que coleccionar... Para crear mi historia.

Sin embargo, tengo algo dentro de mí que me escuece más de lo normal. Mi propio abandono me impide conciliar el sueño cada noche,  pues andaba buscando inspiración y al mismo tiempo que la encontré, me perdí. Estaba sola con mi sombra, mi presente y un cúmulo de sueños por cumplir que, al poco tiempo devoraron las llamas. Me quedé sin nada, incluso sin mí. Me depuró, me pulió y me volvió a enseñar, sobre todo a no olvidar nada a base de lecciones y recuerdos que formaba en mi mente. Y escribía, escribía... Me mataba a escribir como si mi vida dependiera de ello. Desenterró mis miedos y hurgó con uñas en mis puntos de inflexión cuando me proponía salir de su oscuridad, hasta que aprendí a vivir en ella. Y aguanté... No por amor, sino por inspiración.

Aprendí suficiente y por esa misma razón necesito encontrarme de nuevo, buscarme desde el sonido de cada llanto que desgarraba mi garganta, hasta en mis ojos de niña desafiando a la oscuridad de las noches. Estoy segura de que lo conseguiré, en mitad del bosque, sintiendo el roce del frío de diciembre en mis pómulos. Y cuando me encuentre, te buscaré y te encontraré a ti también.

Me duele la inspiración. Me inspira lo que duele. Escribo lo que me inspira.
Y afortunadamente, lo que duele marca.

Mis hojas han sido escritas por la mano que acaricia el dolor de mis heridas y llegará el día en el que eche la vista atrás para escribir en primera persona y a ciencia cierta sobre lo positivo de arder en mi propia pérdida: o te consumes con el fuego, o renaces y aprendes a vivir con el dolor de las quemaduras.

Porque después de guardar luto, siempre habrá un motivo positivo por el que volver a luchar.

[...]"


Mi pequeña lobita, todavía queda mucho bosque por recorrer.

17 octubre, 2015

LO BELLO DE LA BESTIA

Está bien. Posiblemente contar la historia de un primer beso en el metro de Atocha sea más mágico y te obligue a imaginar a ti y a esa persona viviendo la historia que supuestamente todo el mundo quiere tener. Eeeh, echa el freno de mano… El metro huele fatal, la gente va en masa, te pisan los pies… Y lo único que besas es el cristal, o como mucho el sobaco del que sujeta su brazo en la barra de arriba. ¿Qué hay de mágico en eso?
La historia de un primer beso en la noche de estrellas. Imagina que me llevas en medio de una sierra, nos sentamos encima del capó del coche… Me miras… Y no puedes porque no se ve una mierda. No, no hay estrellas. Y de la frustración no hay ni beso. Y luego te preguntas por qué te complicas tanto la vida, aun sabiendo que en los tiempos que corren, lo que de verdad sorprende es lo sencillamente natural. Respecto a las noches de estrellas sin estrellas… Eso es mala suerte.

Empecemos por admitir que creéis en el amor de cuento que todo lo puede, porque con mucho gusto seré yo quien os mate esa ilusión: no existe.

Realmente y aunque nadie se haya parado a pensarlo, el beso con más magia que se puede dar es aquel que consigue liberar a la bestia que llevamos dentro. Bienvenido descontrol… La historia acaba tan despeinada y avergonzada que en el fondo te hace sentir fenomenal. Supongo que reprimimos en una especie de jaula el animal que desea salir con ansia cada vez que nos mordemos la lengua por no mordérsela a quien tienes enfrente. Pero pienso que toda jaula tiene su candado, su llave… Su truco. Y sólo quienes saben amansar bestias tienen el valor de liberarlas.

Sin embargo, resulta difícil tropezar con alguien y notar que es inflamable, sin importarte lo más mínimo reducirte a cenizas y más tarde resurgir como el Ave Fénix. Pero claro.... Es más difícil notarlo si tienes enchufado un extintor. Con esto quiero decir que es inútil esperar a que una persona entre en tu vida y te la desordene si, por esa misma razón, has renunciado a esa opción. Estoy de acuerdo en que las cicatrices pesan más que los años, pero nada pesa más que la esperanza de tropezar con una bestia diferente.
Apagad los extintores y quemaros. Quemaros mucho.

Las jaulas que forzamos para nuestras bestias están hechas del mismo material en las que nos encerramos nosotros mismos… Pero sigo pensando que toda jaula tiene su candado, su llave… Su truco. Y sólo quienes se arriesgan a amar personas tienen el valor de liberarlas.

No son lo mismo las historias de amor que el amor de historias. Lo primero existe y no tiene final feliz, y sí. Es amor… Bello es su drama porque bella es su realidad.

Creemos un sentimiento propio, y conformémonos con que exista.

Y quememos el amor de historias.

08 octubre, 2015

COMETE, Y CÓMEME

Eres tú, es por ti. Por lo que te fuiste y por lo que eres, por tus defectos y tus virtudes. Eres tan tú, que sólo tú podrías definirte con exactitud, por ello no debes renunciar a ti nunca más. Te lo debes.

Sustituye el “¿por qué?” por un “¿por qué no?”. Deshazte del “ojalá” y del “tal vez” y que el estímulo del “aquí” y “ahora” decida el resto por ti. No dejes que nadie te mantenga a la espera. Ni siquiera el amor de tu vida, pues si realmente lo fuera te mantendría lo más lejos, a su lado. Esperar a alguien es como andar descalza entre brasas y quemarte en vano. Nadie arriesga sabiendo que tiene todas las de perder.


Ya es hora de que alegres esa cara, aunque me conformo con verla con un brillo diferente al que dejan tus lágrimas. Aférrate a la melodía de cada risa que escuches y acompáñala con la tuya. Déjate querer, todavía existen personas que lo hacen de verdad. Ponte botas de tacón aunque no sepas andar con ellas, píntate los labios aunque te lleves el dedo a la boca y te pringues. No sabes lo irresistible que estás cuando eres tan tú, al natural.


Aléjate de quienes te hacen sombra y cambia la del pasado por un presente que merezca recordar. Y por favor, libérate de la estúpida culpabilidad de no haberles cogido la mano a los que se marcharon. Piensa que vinieron para irse, aunque yo me quedaría a vivir en tus piernas el resto de mi vida. En ocasiones, avanzar sin alguien significa avanzar contigo misma. Las personas se marchan, tardan más o menos, pero siempre lo hacen. Personas que ocurren una vez, y personas que ocurren una vez tan extensa como sea tu vida.


No procrastines más... Todo dura un rato. El momento es ahora, y el ahora está siempre delante de ti… ¿Ves? Es él quien te espera mientras tú centras toda la atención hacia atrás, recordando todo lo que sufriste y volviendo a contar las veces que tropezaste. Lo que verdaderamente importa es lo que hagas hoy, para notar su repercusión el día de mañana. Deja de hacer las listas de los pros y los contras de cada impulso que retienes, de guardarte los besos que no diste porque "no es lo correcto". Haz lo incorrecto pues. Comete el error y cómete sus labios. Fíjate, estás a un acento de comerte las dos cosas.


El problema es que crees que hay un problema, y que ese problema eres tú. Y sucede al contrario, tú eres la solución. Estás esperando a que pase la tormenta sin antes pensare en disfrutar de la lluvia. Estás pensando en mañana sin saber qué hacer hoy... Estás esperando. Y la vida es muy corta para esperar que pasen cosas. Hay que hacer que pasen. Plántate frente al espejo y que su reflejo te muestre de quién depende tu felicidad cada vez que se te olvide. Y déjala que forme parte de la sangre que corre por tus venas. Sonríe joder, que quiero sonreír yo también. Enséñanos tus colmillos y no escondas las garras. Cuéntale al mundo que le has dado caza. Y cómetelo.

Que con suerte, también me come(te)s a mí.

30 septiembre, 2015

DESPEDIDA EN FA MENOR


No me he ido. No me dejas ir. Sé que a parte de mí, también guardas mis manías, mis ganas de existir y mis mil y una maneras de demostrarlas. ¿Qué dicen tus brazos de esto? Los que me abrazan de madrugada. Que te cuenten los míos, que no dudan en enredarse en ellos. Cada noche, mis manos buscan las tuyas para conciliar el sueño. Mi espalda, tu pecho. Sigo empeñada en latir al mismo ritmo que tú y sentir en mi cuello tu respiración.

No me he ido. No me dejas ir porque temes que no regrese. Estos puños están hartos de apretar tus rejas. Puedes quedarte con el recuerdo de verme bailar frente al espejo siempre que salía de la ducha, los ataques de besos, el vicio y el exceso, las cervezas entre risas,
las risas entre sexo,
sexo entre amor.

Pero por favor, no te quedes conmigo, no me guardes.

No me he ido porque no me dejas ir. No vuelvas a decidir por mí. Reemplázame, quédate con lo bonito. Retenlo dentro de ti. Y olvídate de encerrarme de nuevo. Sigo siendo un eterno invierno. No basta con enseñarme a caminar sobre brasas sin apagarlas.
Aún así tú sigues siendo mi estación preferida. 

No me he ido. No me dejas marchar. No me abres la puerta. ¿Temes perderme? El miedo es sano, el pánico es letal. Reconozco que yo sí tengo miedo de perderte, pero más de perderme a mí. ¿Es posible que sin tenerte siento que te tengo más de lo que te tuve teniéndote?. No me ahogaré en un mar de preguntas cuyas respuestas se averiguan con hechos. Sin embargo, lo único que sé con certeza es que te quiero como desde el primer día...
Libre.

No me he ido todavía. Y si me voy, volveré. Entiende que antes de nosotros ya estaba yo. Aunque me hayas escondido, sigo estando. Ningún pájaro merece la jaula por los ojos que temen no volver a verles jamás. Es absurdo temer que alguien se marche, sin antes actuar por evitar que lo haga. Sé que cada noche temes que sea la última. Temes que no exista próxima vez, que no esté mañana...
Ignorando que el día de "mañana" volveremos a llamarlo "hoy".


Ábreme, pienso volver a ser, y seguir siendo contigo sin dejar de ser yo. Despídete de quién inventaste, y saluda a quién nunca debiste encerrar. Si somos las decisiones que tomamos, estoy llena de las que tomé con el corazón. Hoy soy una más.

Por eso, decido mi vuelo.
Y tú decides si vuelas conmigo.




Querámonos juntos
y querámonos libres.

21 septiembre, 2015

DESDE EL MICRÓFONO DE WILDWAY

Diciembre de 1998.
Desde el micrófono de Wildway.



Me "rompiste" el corazón.
Lo dejaste hecho trizas en un cuarto sin luz, sin esperanza,… Sin razones.

Reconozco que estando contigo pensé que era imposible querer a alguien tan fuerte. Pensé que nunca se te ocurriría exprimir mi persona con la misma fuerza con la que yo arrugaba mis bocetos. Sí, aquellos que no admirabas. Estaba convencida de que eras incapaz de destruir ese vínculo que nos mantenía unidos de un sólo disparo...

Y me equivoqué.
Acepté vivir en el mundo del chico perfecto y me mudé a tu apartamento vanguardista… Me olvidé de la idea de mi soñado campo, mi despacho con ventanales enormes donde el desorden de papeles y bolígrafos significara el comienzo de algo grande... de un sueño. Cedí por ti. Trabajaba en algo que no me gustaba por un sueldo que no merecía, porque pensabas que una señorita como yo no debía estar en el salón de casa escribiendo historias inútiles para un público que ni siquiera podría considerarse como tal, que debía lucir mi melena a tu lado, acompañarte a todos los sitios para así sorprender a los demás. Querías que me pusiera guapa para ti cuando llegaras de trabajar y que aprendiera a andar con tacones de aguja como una modelo de pasarela. Me acostumbré por ti al incómodo taburete del Owen’s y lidiaba mis ganas de jugar al billar abrazándote por detrás mientras apuntabas. Era tu chica ideal, la que debía ser deseada por cada uno de ese asqueroso bar de pijos ricos sólo porque necesitabas ser envidiado por los demás. La que no se ahogaba en copas de Bourbon porque no estaba bien visto. Me inventé historias de risa millonaria, por tener algo que contar a las chicas de tus amigos, la mejor de todas fue "cómo fui a las rebajas del 70% para vivir las peleas desde la Nueva Colección". Tampoco querías que destacara, que fuera recatada, que hiciera lo que me pidieras. 
Querías que fuera la persona que no soy.


Me "rompiste" el corazón, y joder… Qué bien me siento.