17 octubre, 2015

LO BELLO DE LA BESTIA

Está bien. Posiblemente contar la historia de un primer beso en el metro de Atocha sea más mágico y te obligue a imaginar a ti y a esa persona viviendo la historia que supuestamente todo el mundo quiere tener. Eeeh, echa el freno de mano… El metro huele fatal, la gente va en masa, te pisan los pies… Y lo único que besas es el cristal, o como mucho el sobaco del que sujeta su brazo en la barra de arriba. ¿Qué hay de mágico en eso?
La historia de un primer beso en la noche de estrellas. Imagina que me llevas en medio de una sierra, nos sentamos encima del capó del coche… Me miras… Y no puedes porque no se ve una mierda. No, no hay estrellas. Y de la frustración no hay ni beso. Y luego te preguntas por qué te complicas tanto la vida, aun sabiendo que en los tiempos que corren, lo que de verdad sorprende es lo sencillamente natural. Respecto a las noches de estrellas sin estrellas… Eso es mala suerte.

Empecemos por admitir que creéis en el amor de cuento que todo lo puede, porque con mucho gusto seré yo quien os mate esa ilusión: no existe.

Realmente y aunque nadie se haya parado a pensarlo, el beso con más magia que se puede dar es aquel que consigue liberar a la bestia que llevamos dentro. Bienvenido descontrol… La historia acaba tan despeinada y avergonzada que en el fondo te hace sentir fenomenal. Supongo que reprimimos en una especie de jaula el animal que desea salir con ansia cada vez que nos mordemos la lengua por no mordérsela a quien tienes enfrente. Pero pienso que toda jaula tiene su candado, su llave… Su truco. Y sólo quienes saben amansar bestias tienen el valor de liberarlas.

Sin embargo, resulta difícil tropezar con alguien y notar que es inflamable, sin importarte lo más mínimo reducirte a cenizas y más tarde resurgir como el Ave Fénix. Pero claro.... Es más difícil notarlo si tienes enchufado un extintor. Con esto quiero decir que es inútil esperar a que una persona entre en tu vida y te la desordene si, por esa misma razón, has renunciado a esa opción. Estoy de acuerdo en que las cicatrices pesan más que los años, pero nada pesa más que la esperanza de tropezar con una bestia diferente.
Apagad los extintores y quemaros. Quemaros mucho.

Las jaulas que forzamos para nuestras bestias están hechas del mismo material en las que nos encerramos nosotros mismos… Pero sigo pensando que toda jaula tiene su candado, su llave… Su truco. Y sólo quienes se arriesgan a amar personas tienen el valor de liberarlas.

No son lo mismo las historias de amor que el amor de historias. Lo primero existe y no tiene final feliz, y sí. Es amor… Bello es su drama porque bella es su realidad.

Creemos un sentimiento propio, y conformémonos con que exista.

Y quememos el amor de historias.