Diciembre de 1998.
Desde el micrófono de Wildway.
Me "rompiste" el
corazón.
Lo dejaste hecho trizas en un cuarto sin luz, sin esperanza,… Sin razones.
Reconozco que estando
contigo pensé que era imposible querer a alguien tan fuerte. Pensé que nunca se
te ocurriría exprimir mi persona con la misma fuerza con la que yo arrugaba mis bocetos.
Sí, aquellos que no admirabas. Estaba convencida de que eras incapaz de destruir
ese vínculo que nos mantenía unidos de un sólo disparo...
Y me equivoqué.
Acepté vivir en el
mundo del chico perfecto y me mudé a tu apartamento vanguardista… Me olvidé de
la idea de mi soñado campo, mi despacho con ventanales enormes donde el desorden de
papeles y bolígrafos significara el comienzo de algo grande... de un sueño. Cedí por ti.
Trabajaba en algo que no me gustaba por un sueldo que no merecía, porque pensabas
que una señorita como yo no debía estar en el salón de casa escribiendo historias
inútiles para un público que ni siquiera podría considerarse como tal, que debía
lucir mi melena a tu lado, acompañarte a todos los sitios para así sorprender a los demás. Querías que me pusiera guapa para ti cuando llegaras de trabajar y que
aprendiera a andar con tacones de aguja como una modelo de pasarela. Me
acostumbré por ti al incómodo taburete del Owen’s
y lidiaba mis ganas de jugar al billar abrazándote por detrás mientras apuntabas.
Era tu chica ideal, la que debía ser deseada por cada uno de ese asqueroso bar de
pijos ricos sólo porque necesitabas ser envidiado por los demás. La que no se ahogaba en copas de Bourbon porque no estaba bien
visto. Me inventé historias de risa millonaria, por tener algo que contar a las
chicas de tus amigos, la mejor de todas fue "cómo fui a las rebajas del 70% para vivir las peleas
desde la Nueva Colección". Tampoco querías que
destacara, que fuera recatada, que hiciera lo que me pidieras.
Querías que fuera la persona que no soy.
Me "rompiste" el corazón, y joder… Qué bien me siento.
Sé quién soy y
quién no quiero ser. He aprendido que "romper" un corazón significa una quiebra en la rutina cuando un compañero de vida prefiere andar un camino
diferente al tuyo... Una absurda cuestión de costumbres.
Reconozco que
sin estar contigo, pienso que es posible querer a alguien, otra vez. Sé que
nadie volverá a exprimir y maquillar mi personalidad y que la admirará… Mucho.
Estoy convencida que volvería a sentir ese disparo con tal de romper nuestro
vínculo.
Y resurgí.
Destaco por ser sencilla y bruta.
Destaco por crear cosas sencillamente brutales.
Te vi apenado cuando me marché... No debes preocuparte, pues tú renunciaste a mí... Y yo, renací.
Al día siguiente, volvió a amanecer y supe que el nuevo día me ofrecía una oportunidad de volver a empezar. No dudé ni un segundo y decidí comenzar a reconstruirme y construir la vida que siempre he querido vivir: la intensa, la salvaje y la libre.
Hoy te digo que soy quien siempre quise ser.
Espero que algún día tú también lo seas.
Atentamente,
Yo misma.