Lo sé. Tengo una obsesión con las mañanas, los desayunos y las anécdotas de la chica despeinada del espejo, la que duerme y se prepara para ir a trabajar al mismo tiempo.
Cada amanecer es una nueva
oportunidad, es una razón de ser, de existir y de hacer por aquellos que ya no
volverán a sentir el calor del sol en su piel. Cada amanecer es motivo suficiente
para hacer de un día más, un gran día,
en el que pueden suceder cosas tan maravillosas como difíciles de afrontar.
La suerte que tenemos es que
todavía podemos sentir lo que verdaderamente nos hace humanos.
Por esa razón, cada mañana me
propongo ser un poquito mejor que el día anterior.
Las personas tenemos por ofrecer
más de lo que nos creemos, pero por razones que desconozco y que jamás
entendería, en lugar de avanzar humanitariamente, retrocedemos. El mundo se ha
convertido en un ártico circular que congela cada vez más nuestra empatía. Un
mundo, que apesta a etiquetas, envidia y egoísmo. Un glaciar de humanidad fría,
donde en lugar de ayudar a avanzar al más débil, aprovechamos su situación para
intentar llegar a ser mejor que él. ¿Y qué problema hay cuando crees que eres
el mejor? Que eres el único, que eres tú, sólo, contigo. Creerte el mejor de
todos no te hace ser mejor que nadie. Quizás mañana seas el débil y necesites
la ayuda y sabiduría de alguien que sabe más que tú… Como aquel al que
rechazaste ayudar hoy.
No puedo llegar a comprender a mi
especie. Nos hacemos llamar “humanos”
y supuestamente nuestro principal acto por naturaleza es la “humanidad”. Y yo, no veo humanidad. Sólo
veo que lo único que nos falta para ser los auténticos títeres de esta
sociedad, son las cuerdas en cada una de nuestras articulaciones. Vivimos en un
mundo donde desgraciadamente todo es un negocio y creen convencernos de que
nuestra única opción es formar parte de él. Sin embargo, todavía siguen pasando
por alto que podemos hacer muchas cosas más a parte de pelearnos por ser el
mejor de la especie… Entre ellas: podemos elegir. Tenemos poder de decisión. Somos
la voz que no podrán callar nunca… Y hablamos en defensa de las criaturas que no
la tienen y por las que sí, cuyos gritos de agonía no se molestan en escuchar.
Somos seres imperfectos creando
perfección… ¿Eso nos hace perfectos? Somos humanos inventando máquinas más inteligentes
que nosotros... ¿Eso nos hace más inteligentes que ellas? ¿O inferiores? No
sabría contestar. En cambio, estoy segura de que no habrá máquina que pueda
superarnos en difíciles, complejos y, a veces, inentendibles. Y si la hay, será
lo más parecido a un humano de hierro y circuitos de corriente. Es imposible crear
algo que ya existe. Ninguna máquina podrá crear con la misma magia que una
mente humana. Eso es lo que nos diferencia del resto: que sentimos, y del
sentimiento nace algo grande. Algo perfecto creado por alguien imperfecto. Somos
tan imperfectos que nos enamoramos de la imperfección de otros. Cuando sucede, sentimos
en el comienzo la perfección de un sentimiento. ¿Casualidad o causalidad? De
eso se trata nuestro inexplicable espiral infinito. Un océano sin agua no es un
océano, es un desierto. Una máquina imperfecta no es una máquina, es un humano.
Desde aquí, quiero promover la
causa por la que evolucionamos del homo-erectus
al homo-sapiens. Nos hacemos llamar humanos. Comportémonos como tal,
sigamos evolucionando y siendo fieles a nuestra propia naturaleza. Dibujemos
una sonrisa al centenar de caras que vemos a diario haciendo magia con un
simple “que tengas un buen día”.
Tiene mucho mérito eso de que un
humano imperfecto haga el día de alguien… Perfecto. Aviso a navegantes… El
mérito no se paga con dinero… Se paga con algo mejor... Con un “que tú también tengas un buen día”.
En definitiva, somos humanos y
somos humanitarios y disponemos de esa humanidad desde el primer día que
nacimos. Pero nadie nos ha invitado a utilizarla… Nadie nos ha recordado que
sigue ahí, escondida, en alguna parte de nosotros.
Esa es la finalidad de mi
redacción.
Te invito a ser humano. Y quiero que
invites a tus padres, hijos, colegas, camareros frustrados y funcionarios
cabroncetes. Demuéstrales que sí hay razón para cambiar uno mismo, para
utilizar el material del que estamos hechos… Porque mundo es fácil, y
desgraciadamente nosotros lo hemos ido complicando. Salvémonos.
Esta sociedad ya es
suficientemente triste, fría, tétrica y egoísta como para seguir comportándonos
como si hubiera rivalidad. No hace falta que os recuerde – sí, sí hace falta - que estamos en el mismo bando y luchamos por lo
mismo: un cambio.
Hay una cita que me gusta
muchísimo que dice: “los dos días más
importantes de tu vida es el día que naciste y el día que descubriste por qué.”
No requiere explicación. Repito, tenemos mucho que ofrecer.
Y por último, me despido con una
frase fantástica que me ha acompañado desde que comprendí y conocí el punto de
partida de un progreso y un nuevo comienzo. Mil gracias por estar aquí cada semana.
Sé el cambio que quieres ver en el mundo.
PD. Que tengáis un buen día, de corazón.
Y que los demás, tengan un buen
día gracias a vosotros.