¿Llaves? Sí. ¿Cartera? Sí. ¿Móvil? Sí. ¿Mechero? El mechero...
Esas son los objetos básicos e indispensables en nuestro día a día. Nunca sabes cuándo podrías necesitar un mechero... Para dar fuego - dar fuego sí, dar mechero nunca - y para no tener que pedirlo, para prenderle el pelo de Danny Succo a tu colega cuando te aburres, para trucarlo y chamuscarle las cejas al chulo de la pandilla... y un largo etc.
Sin embargo, necesito conmigo mi libreta. No apunto lo que tengo que hacer para cada día - y si lo apuntara, de todas maneras no lo recordaría -, sino escribo algo de cada uno, es decir, una pequeña moraleja. Y cuando no, hablo de mis sueños extremadamente heavys, como viajar a Los Ángeles única y exclusivamente a que me tatuara Dr Woos, y ya de paso hacerme una foto típica tipo: "yo haciéndome un tatuaje el cual me va a dejar sin ahorros." Otra de mis ilusiones es - tras sacar el pasaje - sacar un billete para Tailandia "sólo ida" una semana antes y anunciarlo dos días antes - ya que en uno, la emoción dura muy poquito tiempo -. Entre otros se encuentra enseñar al pequeño Jack a hacerse el muerto después de simular un disparo... pero no me emociona cumplirlo. El que sí voy a cumplir próximamente es el de echarle vodka en la cerveza a mis amigos sin que se den cuenta - Olga, Juan, Pablo, Men y Alma... hacer como que no habéis leído nada -, últimamente la que más se pone pedo de todos soy yo.
Volviendo al tema, en los momentos más duros, extraños, tristes e incómodos, me leo a mí en mi pasado. Ahí va un trocito, hablando cómo no, del tatuador más realista, moderno e innovador, a mi parecer:
"¿Se puede destacar pasando desapercibido? Dr Woos contesta a la pregunta en cada foto que sube a su Instagram. Personalmente, creo que se puede, como se puede ver en un tatuaje de un corazón humano con los tejidos desgarrados y las venas partidas colgando - como si lo hubieran arrancado del pecho - de él... Belleza. Como también se puede ver sin ser visto, o querer sin ser querido..."
No puedo salir sin mi libreta de casa. Día a día suceden cosas tanto buenas, alegres y emocionantes como malas, tristes y aburridas... Voy escribiendo, voy leyendo... Voy recordando.
Finalmente, mi libreta me la dieron en el Banco Sabadell, por abrirme una cuenta el mismo día que cumplía los dieciocho años.
A.
¿El boli?...
Mierda, el boli.