Eres cada ráfaga de aliento que dejas escapar de esa maravilla.
Eres la carcajada que inesperadamente sale tras el recorrido de mi última lágrima.
Eres cada lunar que estudian mis labios al trepar por tu espalda.
Eres ese cosquilleo que siento tras cada bocado en el cuello que me das.
Eres el pensamiento fugaz que surge un segundo antes de deslizar mi mano cuerpo abajo.
Eres el problema...
y mi solución.
Eres el pecado...
y mi virtud.
Eres lo prohibido...
y mi tentación.
Eres quien cierra mis heridas...
y abre mis piernas fornidas.
Eres quien consigue que me muera de calor
en pleno invierno... empapada de sudor.
Eres lo que yo nunca quise que fueras
y que sigas siéndolo quiero que seas.
Eres la causa y el efecto
quién provoca la tormenta y el culpable de que nos ahoguemos.
Y que pase el tiempo si no quiere parar a esperar.
Nosotros sigamos lloviendo.
Que en tormentas así da gusto estar... y nunca dejar.
Melchor, ya sabes.
A.