30 septiembre, 2014

segunda elocuencia tímida

Cada mañana escucho la misma canción de siempre.
Es relajante, inspiradora y constante a simple oído.

Sin embargo, cada mañana es diferente, pero escucho lo mismo. Una canción que se amolda a tu estado de ánimo, como la banda sonora perfecta. Me gusta la lluvia de ideas que desencadeno a causa de 5 minutos de duración. Creo un mundo nuevo en mi mente, me evado, todo deja de existir. Sólo estoy pendiente de la melodía - de esa dulce y a la vez excitante voz - del lugar al que me transporta y de mí.

Ese lugar...
Es una historia de locos, pero... ¿cómo es posible que una simple melodía pueda liberar tantas emociones, ideas y sensaciones? Y... Dar lugar a la mente para transformarlas en imágenes, de forma que parece que sea una vivencia real... De alguna manera me llena. Es increíble las cosas que te puedes demostrar a ti mismo, una vez que te has aceptado tal y como eres. Con tan sólo una canción.
"Abre tu mente". Decía. Vaya que razón tenía.

Debería de estar prohibido imaginar todo lo que imagino, y llegar a puntos tan extremos. Qué digo... Si estuviera prohibido lo imaginaría con más ganas... Con más hambre.
La música tiene una manera muy peculiar de alimentar el alma, el cuerpo y la mente... Nunca llego a saciarme del todo. Será por que lo que imagino no es realidad. Eso sólo depende de mí.
Alimento el alma y me siento un poco menos inerte... pero nunca viva del todo. Mentalmente desconecto del mundo por unos minutos, pero siempre hay algo - alguien - que me ata a no largarme del todo, y abre un camino que le permite colarse en lo que debería de ser mi momento.
Y el cuerpo... Qué decir... Si sabes combinar lo que escuchas con lo que haces sabrás de lo que te hablo...

Toda sensación aumenta con la canción de fondo adecuada.
Vale la pena poner el despertador antes para esto. Al fin y al cabo, todos necesitamos nuestro momento... Nuestro rincón.

Cada mañana, la misma canción.
La misma canción, diferentes mundos, cada mañana.