29 agosto, 2015

JUNTOS PARA SIEMPRE

[…]


Por más que lo intento, no consigo encontrar tu rostro entre la multitud de personas que hoy se abrazan al cuerpo que sostiene mi cabeza llena de preguntas. Me esfuerzo por escuchar las voces del fondo y encontrar la tuya, pero ninguna se parece lo más mínimo. Incluso tenías una manera de andar que reconocería sólo con oír tus pisadas. Miento cuando digo que me bastaría un minuto a tu lado para despedirte, porque me prometiste una vida juntos. Me prometiste que estarías detrás de mí en todas las fotos de cada cumpleaños, que tras las caídas vendrías a levantarme del suelo entre risas y lágrimas, que me acompañarías al altar con tu traje negro de todas las bodas y una pajarita roja, y que también le recitarías el típico sermón de abuelo a mi futuro compañero de vida…

Me prometiste que iríamos juntos hasta el fin del mundo.
Y aquí me tienes, imaginándolo cada día.


Cuando era niña, pensaba que cuando fuera mayor, calmarías mis nervios día a día con un fuerte abrazo que me dejaría casi sin respiración… y me haría callar y ahogarme entre lágrimas para más tarde, contarte que sólo necesitaba sentir que todavía existía alguien que confiaba en mí. Y ese alguien siempre has sido tú… Allá donde estés, seguirás siendo la persona que más ha apostado por mí del mundo, la que en lugar de correr, se ha quedado a mi lado y conocido a mis demonios…
Seguirás siendo la persona que nunca se ha ido.


Nadie tiene una despedida preparada, porque nadie sabe cuándo va a marcharse alguien del todo. Cada día que ha pasado desde tu viaje de sólo ida, te he pensado. Me he imaginado una vida a tu lado, he imaginado qué pensarías de mí y qué pensarás cuando haya ganado lo que llevo luchando toda la vida.
No he aprendido a vivir sin ti, no quiero aprender a vivir sin ti. Te conocí la vida suficiente para pensar que nada se interpondría en nuestro vínculo, ni siquiera lo que nos separa físicamente.


Hoy, vengo a decirte que he aprendido. Que soy yo, el efecto de la causa y la causa del efecto. Con más defectos que virtudes, con una forma de ser tan complicada y una filosofía tan poco común que sólo la comprenderías tú. Un día me dijiste que la vida me obligaría a ser de alguna manera, y que cuando me diera cuenta me preguntaría por qué… Ahí sería el momento de elegir mi camino. 
Ese día llegó, hace mucho tiempo. Y pensé en lo orgulloso que estarías de mí, de decidir seguir mi naturaleza de averiguar, comprender, luchar y defender.

Sin embargo, aún sigo esperando sentir lo que esa niña sentía, la que se sentaba encima tuya a ver el boxeo mexicano, la que estuvo a tu lado abriendo tus jaulas viendo cómo la terraza se inundaba de pájaros y plumas al son de tus palabras… “Todos merecemos decidir”. 

Ahora sé que, en ese momento, éramos dos pájaros más.
Y tú, formas parte del lugar donde despliegan sus alas… Donde siguen su naturaleza de volar sin dirección, conformándose con mantener lo que les hace sentir vivos.


Sería incapaz de analizar la vida que hemos compartido sin sentir un huracán de sentimientos destrozándome por dentro.

Sería incapaz de despedirme de ti, de ese huracán y destrozo continuo… Del único vínculo que nos va a  mantener unidos para siempre.


No puedo despedir a alguien cuyo recuerdo mantengo vivo cada día.

Nadie puede.


[…]

Your little wolf puppy.