Lo sé. Tengo una obsesión con las mañanas, los desayunos y las anécdotas de la chica despeinada del espejo, la que duerme y se prepara para ir a trabajar al mismo tiempo.
Cada amanecer es una nueva
oportunidad, es una razón de ser, de existir y de hacer por aquellos que ya no
volverán a sentir el calor del sol en su piel. Cada amanecer es motivo suficiente
para hacer de un día más, un gran día,
en el que pueden suceder cosas tan maravillosas como difíciles de afrontar.
La suerte que tenemos es que
todavía podemos sentir lo que verdaderamente nos hace humanos.
Por esa razón, cada mañana me
propongo ser un poquito mejor que el día anterior.